El mundo cambio...

Revista Gestión

La ministra coordinadora de la Política Económica, Katiuska King, conversó con Gestión sobre la polémica en torno a la importancia del Atpdea y el concepto del régimen sobre política comercial. “Política comercial no es tener un TLC”, afirmó y enfatizó en los cambios dramáticos que se han dado en el mundo con el crecimiento de la demanda de los países emergentes. Pide que se le dé el beneficio de la duda a una política comercial que en realidad solo tiene un año, “después de que la Corpei no hizo absolutamente nada”.
Por Gonzalo Ortiz Crespo
El saludo es cordial, como siempre. Se la ve elegante. Me impresiona verla tan formal, si la comparo en mi mente con la Katiuska King estudiante de la Facultad de Economía de la PUCE en el año 2000, cuando fue mi alumna. Está distendida, lo que no pasa en las ruedas de prensa, en las que suele ponerse a la defensiva. Eso es bueno, porque la conversación fluye.
Sus declaraciones de que “EEUU no importan tanto como antes” han causado polémica. ¿Refleja esa frase su pensamiento o no?
—EEUU sigue siendo nuestro principal socio comercial, eso es indiscutible. Pero en los últimos años ha caído su importancia como destino de las exportaciones no petroleras. Mientras que en 1990 representaba 60% de las exportaciones no petroleras, en 2006 representó 26% y en 2010, 21%. Por ende, la importancia de EEUU en términos de destino de las exportaciones no petroleras ha disminuido. Si antes representaba las tres quintas partes del comercio no petrolero ahora representa una quinta parte. Entonces, no puedo negar que EEUU es nuestro principal socio comercial, pero habría que estar ciego para no ver que hemos pasado de una situación de muy alta dependencia a una de menor dependencia para las exportaciones no petroleras.
Esto significa que el destino de las exportaciones ecuatorianas se ha diversificado…
—Sí, y que nuevos socios comerciales han entrado en juego, y hacia ellos debemos tener una mirada más estratégica.
¿Cuáles son esos nuevos destinos?
—Le digo en un ratito… [La ministra pide un último documento, para decir con exactitud las cifras]. Tenemos, por ejemplo, Venezuela que en el noventa representaba 0% en nuestras exportaciones no petroleras y en 2010 recibió 11% de ellas; Colombia, que recibió 10%, aunque hay que indicar que su importancia se ha reducido con relación a 2005; Rusia, que recibió 8%; Italia que recibió 8%, más otros países, con menores porcentajes.
Entonces, ¿cuál es esa mirada estratégica?
—Lo importante, lo que marca lo estratégico, lo pragmático y lo inteligente dentro de esta inserción en el sistema mundo ––donde nosotros no estamos planteando, desde ningún punto de vista, una autarquía––, es darnos cuenta con claridad de la realidad actual. Mientras en 2006 nosotros teníamos que 51% de la demanda mundial estaba representada por los países industrializados, entre ellos EEUU y la UE, actualmente estos países solo representan 25% de la demanda mundial. Los países emergentes, mientras tanto, pasaron de una participación de 49% a 75%, entre 2005 y 2010. ¿Qué quiero decir con esto?
… que el mundo ha cambiado…
—Que el mundo ha cambiado. Y que algunos no se han dado cuenta. Nosotros no estamos diciendo que vamos a cerrar las puertas a nuestra relación comercial con EEUU. Estamos diciendo que, en términos temporales, EEUU ha reducido su participación en el comercio mundial. Y esto, tanto si se toma el marco temporal de las últimas dos décadas, como si se toma el último lustro, pues estamos viviendo una coyuntura mundial que hizo cambiar dramáticamente la situación después de la crisis 2008-2009. Y esto, además, es algo que probablemente se va a mantener en el tiempo. Tengo aquí un estudio que fue presentado en la última reunión de gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre cómo América Latina crece a velocidades distintas…
Perdón por la interrupción, pero justamente en el número de Gestión en que aparecerá esta entrevista, estamos reproduciendo un artículo de El País (pág.42) en que se cita a un diplomático que dice que en América Latina hay dos grupos de países: los que reciben los vientos del Pacífico y los que reciben los vientos del Norte. Los primeros, liderados por Brasil, siguen creciendo rápidamente porque continúan respondiendo a la demanda de los países de Asia, mientras que los segundos, liderados por México, tienen mayores dificultades porque la recuperación de EEUU está siendo más lenta.
—Esa comparación es lindísima y más poética que otros ejercicios que agrupan a los países por la forma en que se recuperaron de la crisis. Recordemos que la crisis de 2009 fue la mayor crisis después de la Gran Depresión de los años treinta y marcó un cuestionamiento al capitalismo basado en la ambición desmedida que muchas veces termina destruyendo la propia economía de un país. Entonces, lo que nosotros decimos, y no solo nosotros sino muchos analistas, entre ellos, el propio BID, es que debemos tener en cuenta la realidad actual, y no los esquemas mentales de hace unos años. EEUU sufrió una crisis y está saliendo de la crisis, pero es comprobable que aún no logra recuperarse.
[La ministra analiza, con gráficos a la mano, las curvas del consumo privado en EEUU que muestran que en 2010 recién se alcanzaron los niveles del año 2006, es decir, 8% menos de lo que indicaban las proyecciones antes de la crisis; que la inversión privada está 29% más baja que esas proyecciones, y que el PIB está 7% más bajo].
Como se ve, la recuperación es bastante débil, y hay diferencias también entre las medidas adoptadas en EEUU y lo que está haciendo la UE. Incluso las perspectivas del futuro no están del todo claras. Ya que cuando uno ve lo sucedido con las cuentas fiscales [la ministra menciona nuevas cifras, basadas en otros cuadros] no puede negarse que el déficit fiscal está convirtiéndose en un grave problema en EEUU, pues ha caído respecto de la tendencia en 22% y el déficit público llega ya a 11%.
Entonces, en este marco hice las declaraciones. Si las sacan de contexto, es obvio que aparezcan como un sinsentido. Pero si nos fijamos en lo que sucede en el mundo, que no es el mismo que había hace tan solo tres o cuatro años, entonces se comprenderá lo que dije y por qué lo dije.
Esto tiene su contraparte con el crecimiento de la demanda en China…
—En efecto. China logró salir mucho más rápidamente de la crisis, porque empleó políticas contracíclicas mucho más fuertes. Todos los indicadores lo comprueban.
Para fijarnos un momento en el Atpdea, ¿cuál es el monto de las exportaciones ecuatorianas que se benefician de esas preferencias arancelarias concedidas por EEUU?
—Estamos hablando de $ 356 millones de exportaciones no petroleras que entraban bajo el régimen del Atpdea. Eso representa 2% de las exportaciones totales del Ecuador.
Pero escuché a algún entrevistado en algún medio decir que usted habría dicho $ 25 millones. ¿Es así?
—Ese es el costo arancelario. Yo he dicho que, si no hay Atpdea, esas exportaciones pagarían aranceles entre $ 25 y $ 30 millones. En todo este asunto, lo importante es saber de cuánto estamos hablando. Porque, ¿cuál es la preocupación que nos suscita el reciente problema diplomático con EEUU desde el ámbito macroeconómico? Al Gobierno lo que le toca es precautelar, desde el ámbito de la política económica, que no se cause incertidumbre ni se cause malestar en forma innecesaria. Sin que esto quiera decir que el Gobierno no esté trabajando para prevenir otras consecuencias que podrían darse, por ejemplo, en la generación de empleo. Pero es importante poner en su real dimensión las cosas.
Si no entiendo mal, ¿lo que está implicando es que si se solucionan esos 25 a 30 millones de dólares de aranceles, no tendría por qué haber efecto alguno en las exportaciones ni en el empleo directo o indirecto que crean los clusters de las flores, el brócoli, la piña, el atún, etc.? ¿O habrá que tomar otras medidas?
—Lo que nosotros planteamos es, en primer lugar, tener claridad de cuánto estamos hablando, en términos de magnitud. Después, efectivamente, las respuestas van a tener sus particularidades dependiendo de los productos. Y nosotros decimos que no podemos basar la competitividad de los productos ecuatorianos solo en el tema arancelario. La productividad es un concepto mucho más amplio que involucra el tema de calidad de los productos, el tiempo de entrega de esos productos y también la seriedad de las propuestas, es decir, del hecho que se puedan generar unas relaciones de más largo plazo entre el exportador y el importador y que exista tal conocimiento implícito del producto a comerciar que genere una preferencia hacia nuestros productos.
En el caso de las flores, tenemos una ventaja de calidad respecto a nuestros competidores. Y antes de que se suspenda el Atpdea y del último problema con EEUU ya nuestras rosas tenían un precio más alto que las de los competidores en el mercado estadounidense. O sea, no es que esto va a cambiar ahora.
En el caso de la piña, incluso pagando aranceles, esta fruta sigue siendo más competitiva en el mercado estadounidense que la de otros países productores.
En otros productos, es el importador el que asume el pago del arancel; en algunos casos ya lo vienen haciendo desde el 12 de febrero en que caducó el Atpdea.
Teniendo en cuenta todo esto, la decisión es trabajar en fortalecer la productividad y la competitividad, pero no desde una visión inmediatista sino de mediano y largo plazo.
En el análisis debemos tener en cuenta que hay una coyuntura de precios favorable para nuestras exportaciones: estamos beneficiándonos de precios internacionales mucho más altos que los de hace unos años atrás. Esto también marca un cambio sobre nuestra inserción estratégica y que tenemos que tener en cuenta para el futuro.
Pero el tema de los precios puede ser coyuntural…
—No, eso se va a mantener algunos años. La creciente demanda de China e India hace que nuestros productos, especialmente de nuestros productos alimenticios, tengan una demanda que no va a dejar de aumentar.
¿Puede el Ecuador seguir siendo siempre exportador de productos primarios? ¿Se está haciendo algo para cambiar la canasta de productos que exportamos?
—Tenemos que entender que estamos en una coyuntura favorable, y que debemos aprovechar esta oportunidad para colocar nuestros productos e impulsar nuestra producción nacional. Pero también tenemos que cambiar nuestras visiones: mientras antes nuestras prioridades estaban en los países del norte, si la demanda mundial ha cambiado en la proporción tan grande como la que ha cambiado, tenemos que promover la diversificación de los destinos de nuestras exportaciones. Me van a decir que eso no se consigue de la noche a la mañana. De acuerdo, pero tampoco es algo que no se ha hecho: en los últimos dos años hemos diversificado mucho, como país, el destino de nuestras ventas al exterior. Por ejemplo, hemos pasado de aproximadamente enviar 73% de nuestras rosas al mercado estadounidense a enviar 38% de ellas, y se han incorporado mercados como Rusia, Ucrania, Canadá.
Por supuesto, no queremos, y el presidente Rafael Correa lo ha dicho, seguir siendo un país que solo exporte productos primarios. Queremos exportar productos con valor agregado, donde todos los componentes que puedan producirse nacionalmente lo sean, generando cadenas de valor. Yo pongo muchas veces el ejemplo del cacao, que exportamos desde hace dos siglos, pero que se va en sacos de yute, yute que es importado, cuando nosotros podríamos estar trabajando en toda la cadena para impulsar en este caso producciones de insumos nacionales.
Es importante tener esta mirada: no solo de cómo coloco el producto final y cómo me aseguro el mercado, sino también cómo garantizamos que toda la cadena de valor vaya incorporando producción nacional.
Pasemos al tema de los acuerdos comerciales con los países del norte. Concedido que ya no son los principales mercados mundiales, pero van a seguir siendo importantes.
—Quisiera señalar que el estudio que acaba de sacar el BID sobre las distintas velocidades de crecimiento de América Latina señala que hay países como Brasil y Argentina que son líderes en términos de proteger su producción nacional, su industria nacional. Y ello también influyó en el hecho de que países como Brasil salieran más rápido de la crisis. Y es que Brasil tiene más diversificado su mercado, mientras que países como México tienen una alta concentración en los países industrializados. En términos porcentuales, la concentración de las exportaciones mexicanas a los industrializados es de 87% mientras que la de Brasil es 49%.
Esto se une a otro tema importante: mientras países como Brasil no piensan que la firma de tratados de libre comercio sea indispensable, vemos que en muchos casos los efectos de haber firmado TLC son nocivos, como en el caso mexicano, porque sus países terminan siendo invadidos por productos extranjeros, matando su producción local. Por eso ahora los mexicanos consumen tacos hechos de maíz estadounidense.
Un TLC no puede ser visto solo en términos de los productos que el país puede colocar en el otro mercado sino que hay que pensar en términos pragmáticos, inteligentes y estratégicos y, en ese sentido, tenemos que entender que la coyuntura ha cambiado y entender también que debemos proteger, por sobre todas las cosas, la producción nacional y el empleo nacional.
Ese es el modelo de desarrollo endógeno a que apuntamos como país. Un modelo que, así lo manda la Constitución, privilegia al ser humano por encima del capital. Es decir, nuestra meta no es buscar las máximas rentabilidades sino el mayor beneficio para toda la población.
Hay quienes critican que en estos años ha crecido la demanda, cuando eso es positivo. Antes solo se veía si crecía el PIB, es decir, si crecía la producción, pero el crecimiento de la demanda implica extender el bienestar. Y la demanda se beneficia de distintas maneras: a través de los programas de infraestructura que implementa el Gobierno, de los programas sociales, a través de una mejor cobertura de la canasta básica y también a través de mejorar el poder adquisitivo, de tener mejores salarios…
Mejores salarios para la burocracia…
—Mejores salarios en general. Cuando se acusa al Gobierno de ser el que impulsa al modelo, es una crítica que no tiene sentido. En economía hay este modelo del crowding in y del crowding out, que en definitiva es un modelo de desplazamiento. Hay la crítica de que la inversión del sector público desplaza a la inversión privada. Y es todo lo contrario: cada uno cumple su rol. Y el sector público está cumpliendo un rol que había abandonado por años, al invertir en infraestructura, salud, educación, y lo que hace es que así facilita el incremento de la inversión privada.
Si uno analiza las distintas dimensiones del PIB, ve que lo que más ha crecido es la formación bruta de capital fijo, tanto pública como privada. Y que también ha crecido la demanda.
¿Cómo considera el Gobierno a la empresa privada?
—Nosotros no queremos que existan los mismos empresarios. Queremos que haya mucha más actividad económica, muchos más emprendimientos. No estamos en contra de la inversión privada, estamos a favor de la inversión privada. Pero de una inversión responsable: que pague correctamente sus impuestos, que pague bien a sus trabajadores y que también asuma una corresponsabilidad inclusive con el ambiente.
 —El crecimiento de la demanda, del que ha hablado, tiene un correlato preocupante, y es el aumento de las importaciones que, a su vez, ha profundizado el déficit de la balanza comercial.
—En este tema debemos tener en cuenta que aplicamos un esquema monetario bastante rígido que es la dolarización. Y la dolarización hace que no podamos encarecer las importaciones, sino que de alguna manera las importaciones se vuelvan cada vez más baratas, y eso hace que cada vez un mayor porcentaje del consumo sea importado. Ese es un problema causado por la dolarización, con el cual tenemos que convivir, y tenemos que garantizarnos márgenes de maniobra para evitar tener un problema en nuestro sector externo. Porque nosotros dependemos de la cantidad de dólares que exista en la economía; no tenemos la posibilidad de emitir dólares y, por ende, en la parte de importaciones tenemos que encontrar formas para proteger la producción nacional.
Eso no es algo que tiene que asustarnos, es algo que tiene que entenderse como una necesidad. Y las medidas de salvaguardia, aplicadas en el año 2009, fueron muy positivas. Ayudaron a recuperar la industria textil, la del calzado y otras, que se habían perdido. No es coincidencia que las ciudades que tienen menores niveles de desempleo en el Ecuador son las que tienen mayor producción industrial nacional.
Lo que estamos buscando es garantizar mayor producción, mayor empleo. Por eso es que algunos productos que son importados en algún momento tienen que ser más caros para proteger la economía del país.
Pero el Gobierno no va a poder utilizar a cada momento salvaguardias arancelarias o medidas paraarancelarias.
—Aquí hay que garantizar que podamos tener margen de maniobra para poder utilizar medidas de salvaguardia u otras medidas arancelarias. Tenemos que precautelar la posibilidad de utilizar la política arancelaria porque, por fines macroeconómicos, la dolarización nos marca unas rigideces muy fuertes.
Pero también hay un marco internacional: la OMC y sus reglas globales…
—Nosotros utilizamos las medidas arancelarias en el marco de la OMC. No estamos planteando salirnos ni incumplir con la OMC. Lo que digo es que tenemos que precautelar tener política arancelaria. La dolarización nos quitó la posibilidad de tener política monetaria. Por eso no podemos firmar compromisos que nos impidan tener política arancelaria, porque nos estaríamos haciendo el haraquiri nosotros mismos.
¿Se está refiriendo a que esa es la razón para no firmar los tratados de libre comercio?
—Sí, por supuesto. Pero tanto eso como la no renovación del Atpdea deben verse en un contexto global. El 31 de diciembre, EEUU suspendió el Sistema General de Preferencias con casi 130 países del mundo. ¿Por qué hizo eso? Porque está pensando también en políticas proteccionistas que puedan impulsar su propia producción. Está en su derecho. EEUU decide que para recuperarse de la crisis debe aplicar políticas proteccionistas. Nosotros, siendo un país dolarizado, con mayor razón, tenemos que plantearnos reservar las herramientas para proteger la producción nacional.
Hay otros aspectos en los TLC que…
—Este es un tema fundamental porque los TLC a la final terminan refiriéndose a temas comerciales en 5%; es decir, un TLC lo que hace es garantizar que ciertos productos puedan entrar en ciertos mercados con aranceles cero o muy bajos con respecto a otros países pero, por otro lado, lo que hacen es generar los mecanismos para que esos países inunden el nuestro de ciertos productos y, también, y esto es clave, sus servicios. Un TLC no solo tiene que ver con bienes, sino con servicios, con lo cual nosotros profundizaríamos nuestro déficit en la cuenta de servicios, porque es un rubro en el que no estamos preparados para competir.
¿Cómo analiza el problema de la competitividad con Perú que ya tiene un TLC y Colombia que lo va a tener pronto?
—Pero yo digo: ¿y Brasil? No los tiene. Y Argentina no los tiene. Reitero: el TLC no es una herramienta fundamental para el desarrollo, al contrario. Lo que pasa es que muchas veces nos han hecho creer en esos falsos paradigmas de que sin TLC no tenemos política comercial y una política comercial no es un TLC. Una política comercial es algo mucho más amplio que tenga en cuenta lo que hemos mencionado: calidad, cadena logística, identificación de marca país en nuestros productos. Reitero: tenemos que ver la política comercial en términos estratégicos, sin descuidar ningún ángulo, sin perder margen de maniobra, porque ya tenemos bastante limitados nuestros márgenes por la dolarización.
Reitero, ¿y el problema con los vecinos?
—Es que seguimos modelos distintos. Nosotros tenemos un modelo propio, que no está solo enfocado en que el producto llegue no importa a qué lugar con el precio más barato, sino en un modelo que privilegie a toda la cadena, que privilegie la producción nacional. Es que no podemos perder de vista dos temas: no tenemos política monetaria y nuestra política arancelaria es la única forma en que podemos modelar lo que sucede con las importaciones. Por eso necesitamos competitividad real, no competitividad vía precios. ¿Por qué Brasil no tiene TLC?
Pero no se puede comparar ese país tan grande, una potencia emergente, con el Ecuador, que, por su misma fragilidad, sí necesita un marco más estable de relaciones comerciales con regiones que, aunque menos decisivas que antes, seguirán siendo importantes.
—Yo no digo que no sean importantes. Pero empezamos hablando de que la coyuntura internacional ha cambiado. Están pasando por problemas económicos graves, tanto EEUU como la UE.
 —Concedido que una política comercial no es un TLC y que esas regiones del mundo tienen problemas, pero, ¿tiene el Gobierno una política comercial con los otros países o es esto resultado de la buena suerte de que haya una China con apetito insaciable y una India que corre como elefante en estampida?
—Aquí hay varios puntos. Primero, justamente hemos sido nosotros los que hemos planteado que no podemos mirar solo al norte y que debemos mirar a la cuenca del Pacífico y a los países del Medio Oriente, para poder colocar allí nuestros productos. Y para ello se ha actuado, desde con visitas del presidente acompañado de empresarios hasta la apertura de oficinas comerciales con mirada estratégica. Hemos tenido que replantearnos lo que se estaba haciendo. Te recuerdo que antes estaba la Corpei, una institución privada que manejaba recursos públicos. Y preguntémonos qué hizo la Corpei en los últimos años.
La Corpei estaba a cargo de toda la política comercial. La Cancillería estaba enfocada a temas de política limítrofe y de relaciones políticas internacionales. Solo desde hace un año la estamos asumiendo como Gobierno. Si la Corpei durante tantos años no logró absolutamente nada, démosle el beneficio de la duda y no condenemos de entrada a una política comercial que desarrolla por primera vez verdaderos vínculos comerciales con los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y otros emergentes. Por nuestra parte estamos seguros de que va a surtir efecto. Pero no nos dejemos engañar ni presionar por tratados que no son los que nos van a beneficiar; más bien todo lo contrario: nos van a atar de pies y manos, y no nos van a permitir proteger la producción nacional, como todos deberíamos tratar de hacer.
Fuente: Revista Gestión 203. Mayo de 2011