Elecciones presidenciales 2017 y Referéndum

 Katiuska King

En Ecuador, mañana 19 de febrero de 2017, se celebran elecciones presidenciales, se renueva por completo la Asamblea Legislativa, se escogen parlamentarios andinos y se decide en un referéndum sobre la posibilidad de que funcionarios públicos tengan bienes o capitales en paraísos fiscales.

Sin lugar a dudas, esta elección marca un punto de inflexión para el país que ha vivido más 10 años bajo la presidencia de Rafael Correa desde el 2007, luego de nueve años de inestabilidad política en la que se sucedieron siete presidentes y hubo tres presidentes que no terminaron su mandato entre los años 1997 y 2006.

Esta nota no va a realizar un balance de estos 10 años de gobierno, ni de la situación económica y política que vive el país, más bien comparte algunos puntos que considero claves en la definición de mi votación el día de mañana.

El primero relacionado con la alternabilidad como un elemento clave para evitar abusos de poder. Esta consideración inicial no supone votar por cualquiera que se presente como una “alternativa” sino analizar su procedencia política, así como su experiencia pública y privada.Esto implica que no voy a votar por Moreno-Glas ni tampoco por Lasso-Páez. Por ello no participo de un voto “emocional” o “funcional” para defender lo logrado o apoyar a cualquier oposición. Votaré por Paco Moncayo y Monserrat Bustamante, quienes sin ser una candidatura perfecta, me resultan los más potables de la papeleta presidencial.

En esta campaña se ha jugado mucho con imágenes, como que las mujeres debemos votar por las mujeres sin importar su afiliación política. Este uso del género es un insulto a la mujer y a la inteligencia. Ya vimos lo que resultó de tener a tres mujeres al frente de la Asamblea cuando se osó discutir la despenalización del aborto por violación.

Lo contradictorio es que en estas votaciones se incluyó el referéndum antes mencionado. Lo propuesto no requiere la fuerza o legitimidad de la opinión ciudadana, sino que fue la oportunidad para que el presidente plantee un pacto ético, haga campaña y se posicione en un tema progresista de relevancia global. El tema casi no ha trascendido en las discusiones mediáticas. Más allá de que en los últimos días, se ha tratado de posicionar la cuestión para recibir apoyos internacionales.

Esta pregunta puede ser considerada demagógica teniendo en cuenta que el Ecuador derogó en el 2015 el decreto que imposibilitaba al Estado contratar con empresas radicadas en paraísos fiscales así como con el hecho de que el Fiscal de la nación haya ocultado en su declaración de bienes la tenencia de una empresa en paraíso fiscal. Pese a ello, considero importante socializar con la ciudadanía la existencia de paraísos fiscales y su uso pernicioso como fue de conocimiento públicos en los escándalos mundiales a propósito de los Panama Papers.

Lamento que no se ha haya logrado posicionar la importancia real del tema. Superando las críticas al contenido de la pregunta del referéndum, al mismo gobierno, a sus políticas contradictorias y al uso del tema, votaré si en el referéndum.

Me hubiese gustado una discusión de fondo pero lamentablemente la polarización que vive el país no lo ha permitido. No comparto el criterio del Gobierno que Ecuador pueda ser considerado ejemplo para el mundo pero reivindico la relevancia de los paraísos fiscales.

Ojalá mañana los ecuatorianos voten en el Referéndum por el tema que se pregunta y no lo conviertan en un voto político en contra del Gobierno.

Finalmente, aclaro que no considero que un voto afirmativo en el referéndum resuelva el tema de la corrupción, pero si pondría en evidencia instrumentos que se utilizan en perjuicio de los Estados.
Como plantea Jean Cartier-Bresson, economista francés especializado en corrupción, para superarla se debe conocer el financiamiento de las candidaturas, algo que en Ecuador no se transparenta.

Perder la consulta sería banalizar el tema y facilitar el encubrimiento de la corrupción y del pago de favores.