El debate fue un buen reflejo de la realidad que vive el país

Katiuska King

Desde el Gobierno no se reconoce una recesión o crisis. El Gobierno no dialoga con visiones no-ortodoxas y prefiere regresar al pasado.

El Gobierno es el Presidente (habla, responde, pregunta y discrepa). El Presidente habló con respeto y cariño a los analistas ortodoxos que él ha criticado pero no dialoga con otras visiones (diferentes a las de A. Dahik y M. Pozo) y menos con movimientos sociales.

En el país no existen mujeres ni siquiera como moderadoras (el moderador fue tal vez lo peor del debate). Los ministros tuvieron una participación marginal y M. Pozo los identificó como sus colaboradores cuando firmó la carta de intención con el FMI.

El debate fue una estrategia para tratar de volver al debate de ideas y presentar brevemente la Proforma presupuestaria 2016 al final.

El Presidente se refería una y otra vez a los jóvenes, ¿a quienes se estima se puede influir en su opinión?
De todos lados se esperaba más concreción.

Los temas ausentes:
– El campo
– La minería
– La ley de alianzas público-privadas
– Limite de la deuda
– Gasto tributario
– Las PYMES
– La economía popular y solidaria

Los temas que quedaron en el aire:
– Financiamiento 2015 y 2016
– El manejo de la liquidez
– Cómo se va realizar el ajuste presupuestario en el 2016
– Estrategia de manejo contra cíclico para proteger a los más pobres si se sigue apostando por grandes inversiones

Vivimos en la esquizofrenia de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Menciono dos que se plantearon en el debate: criticar el aperturismo comercial y estar a puertas de firmar el acuerdo con la Unión Europea, o hacer reparos a la inversión extranjera directa y aprobar una Ley de incentivos a las alianzas público privadas y a la inversión extranjera directa.