Ecuador y UNASUR ante los posibles efectos de una nueva crisis económica internacional
Katiuska King M.
 
Discrepancia entre el crecimiento financiero y el crecimiento real

El  derrumbe financiero en el mercado hipotecario estadounidense a fines del año 2008, fue la manifestación más visible de la crisis económica mundial que develó las deficiencias estructurales y perjudiciales de la actual configuración del capitalismo mundial.

Haciendo un breve repaso de la crisis, encontramos que esta tiene una característica particular respecto a otras que se han manifestado durante los últimos veinte años. Me refiero a la discrepancia entre el crecimiento “financiero” de la economía (por ejemplo el caso de los llamados “derivados financieros”) y el crecimiento “real” de los procesos productivos.

Esta discrepancia ha sido la responsable de numerosas “explosiones” de precios sobre todo en lo que se refiere a las materias primas (petróleo incluido) y bienes agrícolas. Esta no correspondencia entre lo que sucede en los mercados financieros y la producción, describe una economía de “papel” caracterizada por un manejo poco ético de los mercados financieros.  La búsqueda de rentabilidades “fáciles” ha generado fuertes distorsiones en los mercados, provocando una crisis de confianza en el sistema y haciendo que la economía se parezca, más a un juego de azar, que a una actividad que priorice la satisfacción las necesidades de las personas.
Por otro lado, un estilo de vida que sobre estimula los consumos genera efectos indeseados para toda la población mundial. Uno de ellos es el incremento de la demanda de energía con las consecuencias ambientales que todos conocemos. El problema del  calentamiento global ha sido llevado a la atención política en numerosas ocasiones, sin embargo, como sus efectos son de mediano y largo plazo, no hay estrategias claras al respecto, justamente debido a la “miopía” que caracteriza la actual configuración del capitalismo mundial.
Ecuador: efectos y respuestas ante la crisis
Una nueva crisis económica mundial es posible. Hoy en día, aun no se vislumbra una salida a un escenario de este tipo, sobre todo por la ambigüedad y poca oportunidad en la toma de decisiones de políticos tanto europeos como estadounidenses.
El Ecuador y la región sudamericana se encuentran en la particular situación de ser observadores de una crisis que se origina en profundos problemas estructurales de las llamadas economías “desarrolladas” y que está haciendo transitar  a las mismas en un terreno de “insostenibilidad”. Pero igualmente debemos ser cautos y tomar previsiones a los contagios que derivan de una economía mundial cada vez más globalizada.
Los efectos de esta crisis se manifiestan en turbulencias en los mercados financieros y reales. Dado el alto grado de apertura comercial que tiene el Ecuador, (71,6%[1] en el año 2010), una crisis económica mundial tendría impactos a través de la reducción de la demanda de nuestros productos. Asimismo  habría una disminución en las remesas que provienen del exterior –  cuyo flujo ha visto una importante contracción  a partir de la crisis del 2008 –  y probablemente, una reducción del precio del petróleo  como así también restricciones en las líneas de crédito internacionales.
El  Ecuador se ha planteado resolver esta encrucijada a partir de determinadas acciones.
En primer lugar, el permanente monitoreo de la situación macroeconómica mundial con el fin de generar las alertas y elaborar respuestas adecuadas para limitar los efectos de la misma en la economía ecuatoriana.
En segundo lugar, a puertas de la elaboración de la proforma presupuestaria, se hace necesario trazar una estrategia de Sostenibilidad Fiscal, con el fin de garantizar la liquidez suficiente para  la aplicación de políticas contra cíclicas en los sectores dinamizadores de la economía. Considerando el rol desempeñado por el sector petrolífero en los equilibrios fiscales, en vistas del paro en la refinería de Esmeraldas,  previsto para algunos meses del 2012 y el 2013, la empresa pública de petróleo deberá profundizar las alianzas de intercambio de crudo por derivados con Venezuela, Uruguay y otros países, así como mejorar su política de comercialización de crudos y derivados con el fin de minimizar las perdidas fiscales en un escenario de turbulencia económica.
Los recientes acontecimientos en Libia, sugieren precautelar la institucionalidad y el liderazgo de la OPEP en las decisiones de la oferta petrolera, con el fin de asegurar los intereses de los países productores de petróleo.
En tercer lugar,  en lo que se refiere al sector real, es necesario desarrollar mecanismos de administración del comercio que protejan y estimulen la producción nacional asegurando el incremento de la productividad, sobre todo a la luz de la perspectiva de disminución del ritmo de crecimiento de la economía mundial y, en particular, de la probable contracción de la demanda proveniente de los socios comerciales tradicionales del Ecuador.
Desde el punto de vista financiero, los mecanismos institucionales de control deberán velar para que la economía, el mismo sector financiero y las empresas no se vean contaminadas por activos tóxicos de otros países.
Finalmente, como país debemos acelerar el proceso de substitución de importaciones en bienes y servicios, impulsando sobre todo aquellos procesos agrícolas que permitan garantizar la soberanía alimentaria. En un contexto de crisis, los países con mayor productividad, procurarán aumentar sus ventas; los productores locales sobretodo de bienes que aseguran la soberanía alimentaria del país representan el  eslabón más débil de la cadena – podrían verse obligados a competir con empresas transnacionales en condiciones muy desfavorables con riesgos serios para su propio negocio.
Multilateralismo y bilateralismo
Existe un punto que requiere particular atención y que se ha discutido muy poco. A nivel internacional, luego de la crisis del 2008, hemos visto un crecimiento del bilateralismo a través de la firma de TLC (Tratados de Libre de Comercio)[2] que retrasa la renovación de los procesos multilaterales[3] favorables a  la integración regional. Este bilateralismo interesado, que aparentemente permite un acceso a mercados externos a costa de permitir una libre y protegida entrada en nuestros mercados de bienes y servicios, realmente garantiza ciertos intereses corporativos por encima del interés general.
En todo este contexto, el impulso a UNASUR y finalmente a la Constitución del Consejo Suramericano de Economía y Finanzas representa un hito histórico que se manifiesta en el marco de una pluralidad de visiones de la realidad económica. Además, es evidente para cualquier país, que en el contexto actual, se requiere con mayor urgencia ampliar el espectro de países con los que mantenemos relaciones económicas y políticas que mantener la mirada en el norte.
¿Cómo los países suramericanos nos pensamos y actuamos ante lo que sucede a nivel mundial?
En del espacio político de UNASUR, se asumió un compromiso conjunto de hacer frente a la crisis con tres ejes de trabajo: el manejo de reservas, la producción y el comercio intrarregional y el uso de monedas de la región en el comercio.
La lógica que debe primar en el manejo de las reservas parte del principio de asegurar una canalización del ahorro hacia la inversión de la región, minimizando la exposición de los recursos a los problemas financieros externos. Si bien existe el FLAR (Fondo Latinoamericano de Reservas), este no incluye a países como Argentina, Brasil o Chile y hay temas a mejorar como los procedimientos, los tiempos y los destinos de los préstamos para poder dar respuesta ágil a los países en situaciones difíciles. Una consolidación de las reservas sería una forma de recurrir a nuestros recursos para hacer frente a situaciones adversas.
Otro aspecto de relevancia es consolidar la producción y el comercio intrarregional, con el fin de favorecer y mejorar los aparatos productivos regionales y limitar los costos de importación de productos provenientes de otras regiones del mundo. Para esto, el comercio en monedas de la región a través de “swaps” de monedas regionales puede ofrecer la oportunidad de dar un fuerte un impulso al comercio intrarregional con el fin de evitar distorsiones en las paridades entre las monedas a causa de la entrada de capitales a la región. Así también, se debe impulsar el comercio a través Sistema Unitario de Compensación Regional de Pagos (SUCRE)
Asimismo, es necesario fortalecer la regulación financiera para evitar  una nueva debacle, a través de la consolidación de una posición común de los países de la región suramericana, tanto en las discusiones multilaterales de comercio así como en aquellas del G20.
A mediano plazo se deben impulsar los mecanismos y procesos de integración regional como por ejemplo el Banco del Sur, que acaba de ser aprobado por la Cámara de Diputados de Argentina, y que se suma a la aprobación parlamentaria de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Hoy día solo  falta la aprobación de Brasil o Uruguay para su constitución. El nuevo esquema financiero está orientado a canalizar los recursos de la región hacia nuestros proyectos de inversión para alcanzar un desarrollo acorde con nuestras realidades específicas, en el marco de la integración del sur.
En el Ecuador el mayor reto está en vincular la actividad financiera a las actividades productivas que incorporen componente nacional y favorezcan los encadenamientos productivos  con el fin de generar un verdadero cambio de la matriz productiva ecuatoriana y evitar la reprimarización de nuestra economía. Es el caso de los sectores de Alimentos procesados, Confecciones y calzado, Turismo, Industria farmacéutica, Biotecnología (bioquímica y biomedicina), Servicios ambientales, Metalmecánica, Energías renovables, Carrocerías y partes, Transporte y logística, Construcción y Tecnología (hardware y software). Es absolutamente prioritario un cambio en el enfoque de desarrollo que se oriente hacia nuestros productores, campesinos y actores de la economía popular y solidaria.
Para finalizar, es importante recalcar que, en el plano político internacional, el mayor reto está en apuntalar la visión actual de la OPEP en torno a las decisiones de la oferta de petróleo. Los recientes acontecimientos en Libia, requieren que se precautele la institucionalidad y liderazgo de la OPEP en las decisiones de la oferta petrolera, de manera que se garantice los intereses de los países productores de petróleo.
Fuente: Revista de análisis político La tendencia n12 oct nov 2011

[1] Importaciones más exportaciones de bienes y servicios sobre el Producto Interno Bruto, todo en valores corrientes
[2] En el periodo post crisis 2009 hasta la actualidad,  la Unión Europea, Japón y EEUU han puesto en vigencia el mismo número de TLC que en el período 2006-2008, sin que termine el 2011, sin contar con los “acuerdos multipartes” de la Unión Europea y sin contar con los 10 acuerdos que están en proceso de negociación
[3] Las instituciones multilaterales clásicas creadas en la posguerra mundial como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el BM (Banco Mundial) y la OMC (Organización Mundial del Comercio) están en crisis y no están respondiendo a la situación económica actual.